Patek Philippe


Déjese seducir por la belleza atemporal del universo Patek Philippe. Heredera de la gran tradición relojera ginebrina Patek Philippe perpetúa todos los conocimientos especializados vinculados desde siempre a la decoración de los más hermosos garde-temps.





EL SELLO PATEK PHILIPPE


El año 2009 marcó un antes y un después en la historia de Patek Philippe y también del sector de la Alta Relojería. Fue el año en el que la legendaria firma ginebrina presentó el Sello Patek Philippe, un compromiso de calidad con sus clientes llevado al extremo.


“Alta Relojería” es un término que oímos con mucha frecuencia cuando se habla de relojes de precio elevado y se da por sentado que engloba a los que ofrecen al cliente un gran nivel de calidad. Pero, ¿dónde está la frontera? ¿dónde finaliza la relojería de buena calidad y empieza la “Alta Relojería”?. Es algo que nunca se ha definido. Nunca ha existido en el sector un consenso, o puede que ni un interés, para pactar parámetros objetivos que dictaminen si un reloj puede ser calificado o no de pieza de “Alta Relojería”.


Lo que sí ha existido desde hace muchas décadas son los denominados “sellos de calidad”. De entre ellos, probablemente el más famoso ha sido el “Poinçon de Genève”, un sello de calidad instaurado por la República del Cantón de Ginebra en 1886. Este sello fija una serie de parámetros mínimos, tanto de proveniencia como cualitativos, para que un reloj pudiera aspirar a él. Probablemente, el mayor valedor del “Poinçon de Genève” a lo largo de su historia ha sido Patek Philippe. La práctica totalidad de los relojes de la firma ginebrina ofrecían la garantía de este sello, lo que, dado el prestigio de Patek Philippe, también otorgaba solvencia y credibilidad al propio Poinçon.


Pero el tiempo transcurre, y llegó un momento en que los responsables de Patek Philippe consideraron que el Poinçon ginebrino debía evolucionar y elevar sus exigencias. Las conversaciones entre Patek Philippe y la dirección del Poinçon de Genève no llegaron a buen puerto y en el año 2009 la manufacture ginebrina decidió abandonar el histórico Poinçon e instaurar su propio certificado cualitativo. Nace el Sello Patek Philippe.


Este nuevo sello de calidad elaborado por Patek Philippe ha significado un punto de inflexión en la relojería de alto nivel, elevando enormemente el grado de exigencia en todos los apartados que tradicionalmente regulan todos los certificados de la relojería suiza. Además, también ha incluido una serie de parámetros que afectan a aspectos trascendentales de un reloj que nunca antes habían sido regulados o garantizados por los sellos de calidad relojeros. Todos los aspectos que regula el Sello Patek Philippe pueden incluirse en tres grandes apartados: calidad, cronometría y servicio.


El apartado cualitativo del Sello Patek Philippe determina el nivel mínimo de acabados que se deben aplicar a todos los componentes de un reloj Patek, tanto los externos como son la caja, la esfera o el brazalete, como los internos que conforman el movimiento que le da vida. El nivel de acabados en los componentes del movimiento no solo afecta a su buena estética sino que también resulta determinante para su eficiencia y fiabilidad. Un claro ejemplo es el principio físico que determina que la fricción reduce la energía. Por tanto, que los dientes de ruedas y piñones de un movimiento, por diminutos que sean, estén debidamente pulidos redunda en una menor fricción y consecuentemente en una mayor eficiencia energética. Tampoco se pueden obviar los beneficios en cuanto a fiabilidad que generan unos acabados de calidad ya que reducen drásticamente el riesgo de los daños que pueden producir las pequeñas partículas de metal que se pueden desprender de los componentes de un movimiento debido a la fricción que genera su funcionamiento.


La cronometría, que podemos definir como la precisión que ofrece un reloj, nunca había sido determinada ni regulada por ningún sello de calidad relojero. Las opciones históricas eran los observatorios astronómicos suizos que, a petición de la marca, analizaban la precisión de un reloj y otorgaban un certificado con las cifras obtenidas. Otra opción, más moderna, fue y es el COSC, siglas del “Contrôle officiel suisse des chronomètres”, fundado en el año 1973 en La Chaux-de-Fonds. Este control establece unos parámetros de medición y unos márgenes cronométricos que excluyen al movimiento relojero que no los cumple.


Con el Sello Patek Philippe, por primera vez un certificado de calidad relojera garantiza por sí mismo la precisión cronométrica de un reloj. Además, el Sello Patek Philippe se adentra en este terreno con unas exigencias que superan cualquier otro galardón o certificado. Su exigencia cronométrica determina que la variación media no puede superar los -3 +2 segundos de desviación en un periodo de 24 horas, el doble de precisión de la que garantiza el COSC. Otro aspecto fundamental que lo diferencia del COSC es que las pruebas se realizan con el reloj totalmente montado y no con el movimiento por separado y antes de montar en la caja. Esto es de gran importancia ya que el proceso de transporte y especialmente el de montaje, pueden afectar el ajuste del movimiento con lo que la fiabilidad de los datos cronométricos obtenidos antes de esta operación se ven seriamente comprometidos.


Finalmente, el Sello Patek Philippe garantiza formalmente algo que siempre ha hecho la firma ginebrina a lo largo de toda su historia: el compromiso de mantenimiento y de restauración de cualquier reloj salido de la manufactura Patek Philippe, independientemente de su antigüedad. Aparte de la tranquilidad y satisfacción personal que esta garantía otorga al propietario de un reloj Patek Philippe, dicho compromiso es uno de los motivos de que los los relojes Patek mantengan e incluso incrementen su valor con el paso del tiempo. No es ninguna casualidad que de forma continuada los relojes Patek Philippe rompan todos los récords y sean los más valorados en las grandes subastas.


En definitiva, el sello Patek Philippe pone por escrito todas las exigencias cualitativas que hacen que un reloj salido de su manufactura sea un objeto precioso imperecedero, merecedor de ser custodiado generación tras generación.